Tareas: 10% ; Línea del Tiempo 30% ; Examen 70%
1 Del Americano
1.1 Único Alex Jerlchka
1.2 Semejanzas siberianos-esquimales
1.3 Restos 40000
1.4 Múltiple Paul Rivet
1.5 Lengua y rasgos
2 ¿Cuando? Horizontes Culturales
2.1 Preclásico 1500-100 a.C.
2.2 Clásico 100-900 d.C
2.2.1 Epiclasico (Xochicalco) 700-900
2.3 Postclásico 900-1519
3 Donde
3.1 Mesoámerica
3.1.1 Paul Kirchoff
3.2 Aridoámerica
3.3 Oasisámerica
3.4
4 Culturas Prehispánicas
4.1 Olmecas
4.1.1 Localización
4.1.2 Origen
4.1.3 Centros de desarrollo
4.1.4 Político
4.1.5 Economía
4.1.6 Org. social
4.1.7 Dioses
4.1.8 Aportaciones

PERÍODO PRECLÁSICO MESOAMERICANO
El Acróbata es una pieza arqueológica
perteneciente a la cultura de Tlatilco. Este sitio es célebre por la gran
cantidad de obras de alfarería encontradas en sus tumbas. En la pieza se
observa una clara influencia olmeca.
Éste periodo duró desde el año 1200 a.C. hasta los
años de entre 100 ó 200 d.C.
La diversidad ecológica fue un factor dominante en
la especialización de las actividades económicas. Sin embargo, ningún grupo
podía producir todos los insumos para su subsistencia. Por ello se formaron
redes de intercambio comercial, incipientes en este periodo, y relacionadas con
las preexistentes en el Cenolítico Superior, que permitieron a las sociedades
involucradas en ellas disponer de recursos provenientes de regiones distantes.
El comercio tomó, desde entonces, un papel
central en la conformación de la civilización mesoamericana. El intercambio
comercial fue el vehículo que facilitó el intercambio cultural entre los
mesoamericanos. En el Preclásico Temprano, sin embargo, prevalecen los estilos
regionales (por lo menos como se observan en los restos arqueológicos
correspondientes a la época), aunque es posible hablar de un proceso civilizatorio incipiente (como lo llamaba Darcy Ribeiro), que había permitido que todas
las culturas del área estuvieran basadas en la agricultura del maíz, y también había sentado los
cimientos del sistema de creencias mesoamericanas, expresado en el culto a los
elementos.
Durante este periodo, el tipo de asentamiento
humano
característico debió ser la aldea. Hacia el final de este
horizonte algunas de ellas crecieron en población y llegarían a ser dominantes,
como El
Opeño en
Occidente; Tlatilco, Coapexco y Chalcatzingo en el Centro; y San José Mogote en
Oaxaca.
San José Mogote, Oaxaca
Una de las primeras manifestaciones de arquitectura
monumental en Mesoamérica es el centro ceremonial de San
José Mogote. Se
trata de una aldea ubicada en el valle de Etla, uno de los Valles Centrales de
Oaxaca. La aldea de Mogote (cuyo nombre original es desconocido) fue la más
importante de las que se establecieron en la región, y tuvo su mayor apogeo
hacia el final del Preclásico Temprano. Su declinación está claramente asociada
con la construcción de Monte Albán, la capital clásica de los zapotecos, hacia el final del Preclásico
Medio. Mogote era una aldea de agricultores, que controlaba la región central
de Oaxaca (ocupada desde ese tiempo por los zapotecos) y mantenía relaciones
con el área olmeca.
La Mixteca
La Mixteca es una región compartida por los
actuales estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero. Se trata de una zona que
presenta evidencias de una ocupación antiquísima. Durante el periodo Preclásico
Temprano, el sitio principal de la región fue Yucuita (del mixteco yuku=cerro, e ita=flor,
de donde su nombre significa Cerro de las flores), una aldea de unos
pocos cientos de habitantes, fundada hacia el año 1400 a. C. La aldea
contaba con una plataforma central de piedra, en torno a la cual fueron
construidas las chozas de sus habitantes. Más tardío fue Monte Negro, contemporáneo de la Fase Monte
Albán I, y una de las mayores aldeas protourbanas en la región de la Mixteca
Alta.
Preclásico medio
Monumento
1 de La Venta. La cultura olmeca es considerada tradicionalmente como cultura
madre. Sin embargo, en la actualidad los arqueólogos y antropólogos
coinciden en que el proceso civilizatorio mesoamericano fue producto de un
desarrollo combinado de diversas sociedades, que confluyeron en lo que se llama
cultura olmeca.
La segunda parte del período que ahora nos ocupa es
denominada Preclásico Medio, y comprende los siglos que van de
1200-400 a. C. Se trata de una época de intensos cambios tecnológicos,
especialmente en los que respecta a la agricultura. En algunas regiones clave
del territorio mesoamericano se construyen los primeros sistemas de irrigación
o de control de aguas. En su libro sobre la agricultura mesoamericana, Palerm consideraba que la movilización de grandes
cantidades de mano de obra para la realización de los proyectos hidráulicas es
un indicio de una sociedad segmentada, con un Estado fuertemente centralizado.
Transformaciones económicas
En consonancia con Palerm, López Austin y López
Luján dicen que precisamente la [[estratificaciaños más tarde, en la cuenca
lacustre de México; y por el año 400 a. C., en los Valles Centrales
de Oaxaca. De modo paralelo a la
modernización tecnológica de la agricultura, las especies cultivables asociadas
a éste período aumentaron en repertorio.
La eficiencia de la agricultura tuvo redundancia en
otros campos de la tecnología y economía mesoamericanas. De esta suerte, el
Preclásico Medio es un período de especialización en los procesos productivos.
Este fenómeno puede observarse a nivel interno de las diferentes sociedades,
sin embargo, más importante es la especialización regional. Los pueblos
mesoamericanos, como desde hacía mucho tiempo, habían explotado los recursos de
su nicho
ecológico, y
habían tendido redes incipientes de intercambio. Pero en el Preclásico Medio,
los excedentes producidos por la agricultura permitieron a una parte de la
población ocuparse en actividades diferentes del cultivo. De este modo, se
producían excedentes tanto agrícolas como en las manufacturas o la explotación
de los recursos naturales por medio de la minería, caza, pesca entre otras
cosas
Transformaciones sociales
Todo lo anterior no dejó de tener ciertas
repercusiones en la estructura social, es decir, en el sistema de relaciones
sociales. Aparecieron nuevos grupos, como los artesanos, y los comerciantes
cobraron una presencia más importante. Además, como se había señalado antes, la
sociedad en su conjunto se estratificó, y la clase dirigente (compuesta
por la nobleza y los sacerdotes) se definió más claramente como un grupo
separado del pueblo llano. Esto es posible saberlo por los restos encontrados
en los entierros, por la relativa riqueza de las ofrendas funerarias, las
representaciones iconógráficas, y, sobre todo, por la aparición de artículos
suntuarios de procedencia foránea.
De hecho, en esta época, es posible observar que
las élites regionales mantenían relaciones entre sí. La base de ellas era el
comercio, pero desde luego que éste estaba acompañado de cierta actividad
militar. En el estado actual de conocimiento de las sociedades mesoamericanas,
no resulta fácil dar una respuesta adecuada al papel de los militares en las
sociedades del Preclásico Medio. Sin embargo, como lo indican numerosos
monumentos en Monte
Albán, en las
Tierras Bajas mayas y el área nuclear olmeca, es
seguro que por lo menos estas tres regiones testificaron el expansionismo zapoteca, maya y olmeca.
Por otro lado, el proceso de urbanización incipiente en que se vieron
inmersos algunas aldeas de Mesoamérica al ocaso del Preclásico Temprano, toma
en esta fase sus características más claras. Las aldeas se convierten en
ciudades, que repiten claramente la segmentación de la vida social en los tipos
de construcciones (los de la élite suelen ser más suntuosos y duraderos que las
viviendas populares). Las ciudades mesoamericanas fueron construidas con base
en un plan concienzudo, que convirtió a los centros ceremoniales de esta etapa
en verdaderos observatorios astronómicos. Los ejes principales están
relacionados con puntos notables de observación astronómica que permitían a los sacerdotes
predecir llevar una contabilización del tiempo. Sobresalen, como modelos
urbanos de la época, las ciudades de La Venta, en Tabasco, y San
José Mogote en Oaxaca.
El calendario y la escritura
Lápida
donde se aprecia claramente un ejemplo de la escritura zapoteca, la primera que
vio la luz en el área mesoamericana
Relacionados con los procesos de complejización de
la vida social y la tecnología, aparecen la escritura y el calendario en Mesoamérica. La primera,
desde sus inicios, transmite información política, y vinculados a ella, se
encuentran registros cronológicos. Los sistemas de escritura mesoamericana más antiguos corresponden a la
cultura zapoteca. Las inscripciones más antiguas
proceden del Monumento 3 San
José Mogote, y de
las lápidas del Edificio de los Danzantes en Monte Albán, así como en las Estelas 12 y 13
del mismo sitio. Indican sucesos fechados en el año 600 a. C. Algunas
de estas inscripciones están registradas sobre la base del calendario ritual de
260 días; otras contienen cargadores y signos de años, y posiblemente
también ya incluyan símbolos nominativos de las veintenas en que los
mesoamericanos dividían el calendario solar de 365 días.
Se solía pensar que la escritura y el calendario
mesoamericanos habían sido desarrollos culturales de los antiguos mayas. sin embargo, hoy se sabe que
éstos lo recibieron de los olmecas, quienes a su vez podrían
haberlo tomado de los zapotecos. Incluso, la famosa Cuenta Larga del tiempo de los mayas y su
numeración posicional con base veinte, apareció primero entre los olmecas de
las selvas del golfo.
Los sitios del Preclásico medio
Presencia olmeca en el Golfo,
Centro y Guerrero
Olmeca
Durante este periodo tiene lugar el desarrollo de
la cultura olmeca, que resume todos los
desarrollos culturales de los mesoamericanos de aquel tiempo. De esta cultura
son los primeros indicios de escritura y del uso de calendario.
Debieron tener una estructura social muy compleja que les permitió desarrollar
su escultura y arquitectura monumentales. Los principales sitios de esta
cultura son La
Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo, ubicados en la llanura costera
del Golfo de México. Estos sitios corresponden a la llamada área nuclear
olmeca.
Sin embargo, se han encontrado objetos relacionados
con esta cultura en diversos sitios de Mesoamérica, sin que se hayan
clarificado hasta el momento las razones de estos hallazgos en lugares tan
lejanos como Tibias (Costa Rica) y Tantoc (San
Luis Potosí). Los
hallazgos de objetos olmecas fuera del área nuclear son particularmente
numerosos en las regiones del Centro y Guerrero. En la primera, son
emblemáticos sitios como Tlatilco (estado
de México), Chalcatzingo (Morelos) y Las Bocas (Puebla). Éste último es conocido porque
durante la década de los setenta aparecieron en el mercado de arte precolombino
numerosas figurillas, que supuestamente provenían del lugar, mismas que,
después se supo, realmente tenían un origen incierto. Sin embargo, excavaciones
realizadas en la década de 1990 revelaron la verdadera importancia de "Las
Bocas" como una de las pocas aldeas de que se conserven restos en la
actualidad.
Más problemática es la relación entre los olmecas
y la región de Guerrero. Aquí se han encontrado por lo menos dos asentamientos
que muestran indicios de ocupación humana —como Teopantecuanitlán y Oxtotitlán—, y otros varios donde aparecen
muestras de la presencia olmeca, que podrían remitir a que, sitios como las Grutas
de Juxtlahuaca hayan
tenido una importancia ceremonial para los portadores de la cultura olmeca. Por
otra parte, se presume que las relaciones de estos grupos con las áreas
oaxaqueña y Maya contribuyó con el desarrollo cultural en esas regiones de las
culturas zapoteca y maya.
La gran tradición del Istmo o
complejo mixe-zoque
Los hallazgos arqueológicos en la zona del istmo de
Tehuantepec han permitido determinar que en aquélla región tuvo lugar un
desarrollo temprano de la cerámica. La principal característica de la cerámica
de esta región (datada entre el lejano 1800 y 1350 a. C.), es que a
diferencia de sus contemporáneas del valle de Tehuacán y la costa de Guerrero, la cerámica de Barra, Locona y
Ocós alcanza grandes alturas artísticas. Esto ha hecho suponer que los portadores
del complejo mixe-zoque debieron haber mantenido contactos con los pueblos de Ecuador. La Tradición del Istmo habría
penetrado desde el territorio Guatemalteco a la costa del Golfo, donde, en la
confluencia de las culturas zapoteca, mixe-zoque y protomaya, habría florecido.
Durante el período Preclásico Medio, la Gran Tradición del Istmo se extendió
por la costa del Pacífico desde Tehuantepec hasta El Salvador. La cerámica de La Blanca en Guatemala es con mucho la más fina del
Preclásico temprano y antecede por unos 600 años a la Olmeca más temprana, a la
cual Michael Coe, curador emérito del Museo Peabody de Harvard, llama una
versión de campo de la mucho más sofisticada Cerámica de La Blanca, por otra
parte las esculturas munumentales de la Cultura Monte Alto en el Pacífico de Guatemala,
también anteceden por mucho a la Olmeca.1
Capacha
Aproximadamente al inicio del Preclásico Medio,
tuvo lugar en el Occidente de México la aparición de una tradición cerámica a
la que Isabel Kelly dio el nombre de cultura Capacha. Se han encontrado restos de
ella en Colima, Jalisco y Sinaloa. Los objetos más característicos
de esta tradición son los tecomates decorados con incisión, y las vasijas con
cintura, en ocasiones tan estrecha, que parecen dos vasijas, una colocada sobre
la otra. Cuando la cultura Capacha tuvo su auge, el Occidente no formaba una
unidad cultural bien definida, como sí ocurría con los pueblos de otras áreas,
que se hallaban plenamente integrados entre sí y al sistema mesoamericano.
Preclásico tardío o protoclásico
La declinación de la cultura olmeca dio origen al
periodo Preclásico Tardío (400 a. C.-150 d. C.). Se
trata de una época de diversificación cultural y asimilación de los elementos
olmecas en los sistemas culturales de cada pueblo. Con esa base dieron comienzo
varias de las tradiciones más importantes de Mesoamérica. Sin embargo, Cuicuilco, en el sur del valle de México,
y la Chupícuaro, en Michoacán, serían las más importantes. La
primera llegó a convertirse en la mayor ciudad de Mesoamérica y principal
centro ceremonial del Valle de México; y mantenía relaciones con Chupícuaro. La
declinación de Cuicuilco es paralela a la emergencia de Teotihuacan, y se consuma con la erupción
del volcán
Xitle (circa
150 d. C.), que motivó la migración de sus pobladores al norte del
valle de México. La cultura Chupícuaro es conocida sobre todo por su producción
alfarera, cuyas huellas se han detectado por una amplia zona ubicada entre el Bajío y la cuenca lacustre.
Hacia el final del Preclásico había comenzado la
planificación de las ciudades que llegarían a ser emblemáticas de Mesoamérica,
como Monte
Albán y Teotihuacan.
Bibliografía
- Ramírez, Felipe (1996). "Temamatla: Una visión del horizonte Formativo desde la Cuenca de México"/Tesis de Licenciatura/Escuela Nacional de Antropología e Historia/INAH-SEP/México.
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El Periodo Clásico de la civilización
mesoamericana está marcado por la consolidación del proceso urbanístico que se
venía gestando desde el Preclásico
Tardío y luego el posclásico, lo cual ocurre hacia el siglo III a.n.e. Durante la primera parte de esta
época, Mesoamérica será dominada
por Teotihuacan. A partir del siglo VIII a.n.e., esta ciudad comenzará un largo
proceso de decadencia que permitirá el florecimiento de las culturas maya, zapoteca y de los llamados centros regionales
del Epiclásico.
Características generales
Los inicios del Período Clásico, pueden fijarse
alrededor del año 200 d.C y su final hacia el 900 d.C. Sin embargo, la cronología varía en cada área cultural. Los
antecedentes de este período se hallan en la última fase del Período
Preclásico, a partir del año 400 d.C., cuando gracias a un
incremento en la eficiencia de las técnicas agrícolas, ocurrió una transformación en las sociedades de la época (crecimiento demográfico,
mayor división del trabajo y especialización, y el incremento del intercambio
comercial). Los cambios tecnológicos que hicieron posible esta transformación
fueron condicionados por factores específicos de cada región mesoamericana. Una
actividad importante para los mayas, zapotecas y teotihuacana fue la religión.
En este período tuvo lugar también una bifurcación
de tradiciones en el área mesoamericana: una encabezada por Teotihuacan, y la
otra por las ciudades mayas del norte. Tal diferenciación es visible sobre todo
en rasgos centrales del complejo mesoamericano, como el calendario y los sistemas de escritura. Uno y otros fueron llevadas a su
máxima complejidad en el Área Maya. De acuerdo con López Luján y López Austin
(2001), si Teotihuacan, la ciudad
más importante de la época, no desarrolló a fondo estos elementos culturales
fue por el condicionamiento relativo al socio-político que privó en el Centro
de México.
Lejos de lo que se suponía en buena parte de los
primeros textos sobre las culturas del clásico, hoy se sabe que tanto
Teotihuacan como los estados mayas fueron pueblos guerreros, aunque nunca al
grado alcanzado por las culturas del Posclásico.
La guerra parece ser un asunto central en la historia del Área Maya, como lo
develan las estelas de la época y las representaciones iconográficas de escenas
bélicas que se han descubierto en sitios como Bonampak y Toniná. En aquella región florecieron varias ciudades-estado hostiles entre si. Por su lado,
Teotihuacan no pudo haber llegado a ser el gran centro político y económico que
fue sin hacer uso de la fuerza, como también lo atestigua la iconografía de la
ciudad; aunque parece que las mismas dimensiones del poder teotihuacano
libraron a la ciudad de hostilidades de otros Estados en competencia.
Igualmente, Monte Albán se impuso
en los Valles Centrales de
Oaxaca por medio de acciones bélicas, según demuestran las estelas
de conquista del Edificio J de esa ciudad.
El comercio jugó un papel importante como elemento
de cohesión entre los mesoamericanos. Teotihuacan tuvo un papel importante como
centro articulador de la mayor parte de los intercambios. Tras su colapso, la
red comercial decayó también, tras lo cual surgieron centros regionales que no
alcanzaron a tener la posición que había ocupado antes Teotihuacan.
Otro de los rasgos principales del clásico fue el
urbanismo. Las ciudades eran cuidadosamente planificadas y trazadas. Las
ciudades, además de ser centros administrativos y religiosos, fungieron como
complejos productivos y nodos comerciales.
Como último dato, es necesario recalcar que en el
clásico se ‘cristalizaron’ la mayor parte de las deidades del panteón
mesoamericano, y que la religión ocupó un lugar importante en la estructura
social como auxiliar del poder político. Presumiblemente, el clero monopolizaba
el conocimiento de la astronomía, la matemática, la escritura y hasta el
comercio y la política.
Existen textos mayas esculpidos y pintados, que se
han identificado como cronológicos, astronómicos e históricos, aunque no son la
fuente principal para el conocimiento de los mayas, pues están realizados en su
compleja Escritura maya que
aún está en proceso de desciframiento. El Clásico, que abarca del año
200 d. C. al 900 d. C., se caracteriza por un notable florecimiento
cultural.
Centro de México: Teotihuacan
Teotihuacan fue «la ciudad mesoamericana por
antonomasia». Sus orígenes se remontan al preclásico tardío o clásico.
Posiblemente, tras las erupciones del Xitle y con el declive de Cuicuilco,
Teotihuacan llegó a concentrar en esa época el 75% de la población de la cuenca
de México. El desarrollo de Teotihuacan estuvo apoyado, entre otras cosas, en
la explotación de los recursos del entorno geográfico y de su posición
geográfica estratégica como encrucijada de varias rutas comerciales.
Los cambios en el modelo de asentamiento en el
Centro hicieron posible el surgimiento de la dicotomía campo/ciudad. Un punto
interesante derivado de esta díada es el motivo de la alta concentración poblacional
y el modo en que la urbe se proveía de alimentos. Se supone que Teotihuacan
debió contar con técnicas agrícolas que le permitirían satisfacer la demanda de
su enorme población. Se ha propuesto que entre ellas se encontraba el cultivo
en chinampas en los pantanos del San Juan (Sanders),
la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte
importante de los residentes de la ciudad en la agricultura. De cualquier manera,
es casi seguro que dependieran ampliamente de las cosechas de temporal, y que
su dieta a base de maíz, calabaza, frijol y chile era complementada con caza,
recolección y pesca.
Otras importantes actividades económicas de los
teotihuacanos eran la producción artesanal (objetos de alfarería y de
manufacturas de obsidiana) y el comercio de larga distancia. En ambos casos,
existió una importante especialización y, debido a la demanda, se hizo
necesario modificar técnicas para producir masivamente (por ejemplo, a través
de la utilización de moldes y modelado sin torno en el caso de la alfarería).
Dos expresiones artísticas sobresalientes en
Teotihuacan fueron la escultura y la arquitectura. Ambas tenían un carácter
público y monumental. La escultura era de estilo geométrico, y sus
representaban generalmente animales y deidades, asociados con el agua y la
fertilidad. La arquitectura también tenía sus rasgos peculiares, de los cuales,
el más importante es el empleo de módulos talud-tablero, de amplia difusión en la época.
La escritura, la matemática, la astronomía y el
calendario nunca fueron desarrolladas al nivel de sus contemporáneos mayas. Se
supone que esto se debe a ciertas características internas del sistema político
teotihuacano, esto es: que no necesitaba de una complejidad mayor en esas
tecnologías y conocimientos.
Respecto a su organización social, los
investigadores han propuesto que la ciudad estaba dividida en barrios por
linajes o por corporaciones con ocupaciones específicas. Lo que sí es seguro es
que su poderío no podía erigirse sobre la estructura del parentesco, y que se
trataba de una ciudad multiétnica. Hasta el momento, no es posible establecer
cuál fue el grupo mayoritario, se especula que pudieron ser pueblos de habla
oto-mangueana, popoluca o nahua.
Oaxaca
Mixteca Alta (Fase Las Flores)
A diferencia de lo que ocurría en el Valle, la
Mixteca no tuvo una capital hegemónica en el clásico. Sin embargo, ocurrió un
aumento considerable de localidades en comparación con el preclásico. Se
trataba de núcleos relativamente pequeños, de los cuales Yucuñudahui era el mayor. Yucuñudahui cuenta con
una compleja planificación urbana, que sigue un patrón en L. En este
asentamiento se levantaron edificios religiosos, palacios, plazas, juegos de
pelota y tumbas al estilo de las zapotecas de Monte Albán.
Valles Centrales (Monte Albán)
Los más de mil sitios del Clásico que se hallan en
los Valles Centrales de Oaxaca se encontraban evidentemente bajo el control de
Monte Albán. La historia clásica de Monte Albán suele dividirse en dos
periodos:
- Monte Albán IIIA (250-600 d. C.): Fuertes vínculos con Teotihuacan, de naturaleza probablemente pacífica.
- Monte Albán IIIB-IV (600-800/900): Máximo apogeo de la ciudad. Disminución de los contactos con el Centro de México. El declive de la ciudad es gradual, e inicia alrededor del año 750, por causas aún indeterminadas.
Esta ciudad se halla construida en un cerro sobre
400 m del nivel del valle. Llegó a tener en la época de su mayor apogeo una
población de 15 mil-30 mil habitantes, que ocuparon más de dos mil terrazas en
las laderas del cerro. La ciudad se hallaba subdividida en 15 grandes barrios,
que correspondían bien a un número igual de linajes o bien, a grupos
incorporados de actividades económicas.
Monte Alban contaba con una Gran Plaza, rodeada por
edificios civiles y religiosos. Su característica principal sigue el modelo
talud/tablero de Teotihuacan, con una peculiaridad propia de la región: el
tablero de ‘doble escapulario’. En la gran plaza podían caber hasta 15 mil
personas. Alberga, además, un buen número de tumbas, de las cuales las más
importantes son la 103, 104 y 105. Las ofrendas encontradas estaban compuestas
por ornamentos de concha, piedra verde, y sobre todo, por las célebres urnas de
cerámica grisácea (obras maestras del arte clásico zapoteca), que por lo
general no contenían nada más que algunas cuentas, objetos de concha o se
hallaron vacías.
El número de monumentos con inscripciones que han
sido encontrados en el valle de Oaxaca es sólo superado por el área Maya. Estos
monumentos nos revelan una escritura mixta, similar a la maya y a la olmeca,
con un ordenamiento sintáctico. Las inscripciones tratan sobre temas
históricos, (nacimientos, conquistas, etc.)
Bibliografía
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- Luján Muñoz, Jorge; Chinchilla Aguilar, Ernesto; Zilbermann de Luján, Maria Cristina; Herrarte, Alberto; Contreras, J. Daniel. (1996) Historia General de Guatemala. ISBN 84-88622-07-4.
El Periodo Clásico de la civilización
mesoamericana está marcado por la consolidación del proceso urbanístico que se
venía gestando desde el Preclásico
Tardío y luego el posclásico, lo cual ocurre hacia el siglo III a.n.e. Durante la primera parte de esta
época, Mesoamérica será dominada
por Teotihuacan. A partir del siglo VIII a.n.e., esta ciudad comenzará un largo
proceso de decadencia que permitirá el florecimiento de las culturas maya, zapoteca y de los llamados centros regionales
del Epiclásico.
Características generales
Los inicios del Período Clásico, pueden fijarse
alrededor del año 200 d.C y su final hacia el 900 d.C. Sin embargo, la cronología varía en cada área cultural. Los
antecedentes de este período se hallan en la última fase del Período
Preclásico, a partir del año 400 d.C., cuando gracias a un
incremento en la eficiencia de las técnicas agrícolas, ocurrió una transformación en las sociedades de la época (crecimiento demográfico,
mayor división del trabajo y especialización, y el incremento del intercambio
comercial). Los cambios tecnológicos que hicieron posible esta transformación
fueron condicionados por factores específicos de cada región mesoamericana. Una
actividad importante para los mayas, zapotecas y teotihuacana fue la religión.
En este período tuvo lugar también una bifurcación
de tradiciones en el área mesoamericana: una encabezada por Teotihuacan, y la
otra por las ciudades mayas del norte. Tal diferenciación es visible sobre todo
en rasgos centrales del complejo mesoamericano, como el calendario y los sistemas de escritura. Uno y otros fueron llevadas a su
máxima complejidad en el Área Maya. De acuerdo con López Luján y López Austin
(2001), si Teotihuacan, la ciudad
más importante de la época, no desarrolló a fondo estos elementos culturales
fue por el condicionamiento relativo al socio-político que privó en el Centro
de México.
Lejos de lo que se suponía en buena parte de los
primeros textos sobre las culturas del clásico, hoy se sabe que tanto
Teotihuacan como los estados mayas fueron pueblos guerreros, aunque nunca al
grado alcanzado por las culturas del Posclásico.
La guerra parece ser un asunto central en la historia del Área Maya, como lo
develan las estelas de la época y las representaciones iconográficas de escenas
bélicas que se han descubierto en sitios como Bonampak y Toniná. En aquella región florecieron varias ciudades-estado hostiles entre si. Por su lado,
Teotihuacan no pudo haber llegado a ser el gran centro político y económico que
fue sin hacer uso de la fuerza, como también lo atestigua la iconografía de la
ciudad; aunque parece que las mismas dimensiones del poder teotihuacano
libraron a la ciudad de hostilidades de otros Estados en competencia.
Igualmente, Monte Albán se impuso
en los Valles Centrales de
Oaxaca por medio de acciones bélicas, según demuestran las estelas
de conquista del Edificio J de esa ciudad.
El comercio jugó un papel importante como elemento
de cohesión entre los mesoamericanos. Teotihuacan tuvo un papel importante como
centro articulador de la mayor parte de los intercambios. Tras su colapso, la
red comercial decayó también, tras lo cual surgieron centros regionales que no
alcanzaron a tener la posición que había ocupado antes Teotihuacan.
Otro de los rasgos principales del clásico fue el
urbanismo. Las ciudades eran cuidadosamente planificadas y trazadas. Las
ciudades, además de ser centros administrativos y religiosos, fungieron como
complejos productivos y nodos comerciales.
Como último dato, es necesario recalcar que en el
clásico se ‘cristalizaron’ la mayor parte de las deidades del panteón
mesoamericano, y que la religión ocupó un lugar importante en la estructura
social como auxiliar del poder político. Presumiblemente, el clero monopolizaba
el conocimiento de la astronomía, la matemática, la escritura y hasta el
comercio y la política.
Existen textos mayas esculpidos y pintados, que se
han identificado como cronológicos, astronómicos e históricos, aunque no son la
fuente principal para el conocimiento de los mayas, pues están realizados en su
compleja Escritura maya que
aún está en proceso de desciframiento. El Clásico, que abarca del año
200 d. C. al 900 d. C., se caracteriza por un notable florecimiento
cultural.
Centro de México: Teotihuacan
Teotihuacan fue «la ciudad mesoamericana por
antonomasia». Sus orígenes se remontan al preclásico tardío o clásico.
Posiblemente, tras las erupciones del Xitle y con el declive de Cuicuilco,
Teotihuacan llegó a concentrar en esa época el 75% de la población de la cuenca
de México. El desarrollo de Teotihuacan estuvo apoyado, entre otras cosas, en
la explotación de los recursos del entorno geográfico y de su posición
geográfica estratégica como encrucijada de varias rutas comerciales.
Los cambios en el modelo de asentamiento en el
Centro hicieron posible el surgimiento de la dicotomía campo/ciudad. Un punto
interesante derivado de esta díada es el motivo de la alta concentración poblacional
y el modo en que la urbe se proveía de alimentos. Se supone que Teotihuacan
debió contar con técnicas agrícolas que le permitirían satisfacer la demanda de
su enorme población. Se ha propuesto que entre ellas se encontraba el cultivo
en chinampas en los pantanos del San Juan (Sanders),
la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte
importante de los residentes de la ciudad en la agricultura. De cualquier manera,
es casi seguro que dependieran ampliamente de las cosechas de temporal, y que
su dieta a base de maíz, calabaza, frijol y chile era complementada con caza,
recolección y pesca.
Otras importantes actividades económicas de los
teotihuacanos eran la producción artesanal (objetos de alfarería y de
manufacturas de obsidiana) y el comercio de larga distancia. En ambos casos,
existió una importante especialización y, debido a la demanda, se hizo
necesario modificar técnicas para producir masivamente (por ejemplo, a través
de la utilización de moldes y modelado sin torno en el caso de la alfarería).
Dos expresiones artísticas sobresalientes en
Teotihuacan fueron la escultura y la arquitectura. Ambas tenían un carácter
público y monumental. La escultura era de estilo geométrico, y sus
representaban generalmente animales y deidades, asociados con el agua y la
fertilidad. La arquitectura también tenía sus rasgos peculiares, de los cuales,
el más importante es el empleo de módulos talud-tablero, de amplia difusión en la época.
La escritura, la matemática, la astronomía y el
calendario nunca fueron desarrolladas al nivel de sus contemporáneos mayas. Se
supone que esto se debe a ciertas características internas del sistema político
teotihuacano, esto es: que no necesitaba de una complejidad mayor en esas
tecnologías y conocimientos.
Respecto a su organización social, los
investigadores han propuesto que la ciudad estaba dividida en barrios por
linajes o por corporaciones con ocupaciones específicas. Lo que sí es seguro es
que su poderío no podía erigirse sobre la estructura del parentesco, y que se
trataba de una ciudad multiétnica. Hasta el momento, no es posible establecer
cuál fue el grupo mayoritario, se especula que pudieron ser pueblos de habla
oto-mangueana, popoluca o nahua.
Oaxaca
Mixteca Alta (Fase Las Flores)
A diferencia de lo que ocurría en el Valle, la
Mixteca no tuvo una capital hegemónica en el clásico. Sin embargo, ocurrió un
aumento considerable de localidades en comparación con el preclásico. Se
trataba de núcleos relativamente pequeños, de los cuales Yucuñudahui era el mayor. Yucuñudahui cuenta con
una compleja planificación urbana, que sigue un patrón en L. En este
asentamiento se levantaron edificios religiosos, palacios, plazas, juegos de
pelota y tumbas al estilo de las zapotecas de Monte Albán.
Valles Centrales (Monte Albán)
Los más de mil sitios del Clásico que se hallan en
los Valles Centrales de Oaxaca se encontraban evidentemente bajo el control de
Monte Albán. La historia clásica de Monte Albán suele dividirse en dos
periodos:
- Monte Albán IIIA (250-600 d. C.): Fuertes vínculos con Teotihuacan, de naturaleza probablemente pacífica.
- Monte Albán IIIB-IV (600-800/900): Máximo apogeo de la ciudad. Disminución de los contactos con el Centro de México. El declive de la ciudad es gradual, e inicia alrededor del año 750, por causas aún indeterminadas.
Esta ciudad se halla construida en un cerro sobre
400 m del nivel del valle. Llegó a tener en la época de su mayor apogeo una
población de 15 mil-30 mil habitantes, que ocuparon más de dos mil terrazas en
las laderas del cerro. La ciudad se hallaba subdividida en 15 grandes barrios,
que correspondían bien a un número igual de linajes o bien, a grupos
incorporados de actividades económicas.
Monte Alban contaba con una Gran Plaza, rodeada por
edificios civiles y religiosos. Su característica principal sigue el modelo
talud/tablero de Teotihuacan, con una peculiaridad propia de la región: el
tablero de ‘doble escapulario’. En la gran plaza podían caber hasta 15 mil
personas. Alberga, además, un buen número de tumbas, de las cuales las más
importantes son la 103, 104 y 105. Las ofrendas encontradas estaban compuestas
por ornamentos de concha, piedra verde, y sobre todo, por las célebres urnas de
cerámica grisácea (obras maestras del arte clásico zapoteca), que por lo
general no contenían nada más que algunas cuentas, objetos de concha o se
hallaron vacías.
El número de monumentos con inscripciones que han
sido encontrados en el valle de Oaxaca es sólo superado por el área Maya. Estos
monumentos nos revelan una escritura mixta, similar a la maya y a la olmeca,
con un ordenamiento sintáctico. Las inscripciones tratan sobre temas
históricos, (nacimientos, conquistas, etc.)
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El Periodo Posclásico es la última etapa del
desarrollo independiente de la civilización mesoamericana. Como los otros períodos de la
cronología mesoamericana, el inicio de este periodo varía en el tiempo, aunque
se suele señalar la caída de las ciudades-Estado del Epiclásico del centro de
Mesoamérica como el principio del Posclásico. Sin embargo, en todas las áreas
de Mesoamérica ocurrió un proceso de deterioro de las hegemonías regionales del
Clásico
que concluyó con el abandono de las grandes metrópolis, como Monte Albán en Oaxaca o las ciudades mayas de las Tierras Altas.
Por otra parte, el Norte de Mesoamérica fue
escenario de un desastre ecológico que implicó el abandono completo de esa
región. Ante estos hechos, las migraciones fueron un fenómeno que marcó el
inicio del Posclásico. Estos cambios sociales que marcaron a las sociedades
mesoamericanas ocurrieron entre los siglos VIII y X. El final del Posclásico ocurrió con la llegada
de los españoles hacia la segunda década del siglo XVI. A partir de entonces ocurrió un
proceso de transculturación que
remodeló las culturas indígenas y sentó las bases de las culturas mestizas de
México y Centroamérica.
Antiguamente, se solía presentar al Posclásico como
una época dominada por Estados bélicos; en oposición con los pacíficos Estados
del Clásico. Las nuevas interpretaciones de las evidencias arqueológicas sobre
varios pueblos del Clásico —es el caso de los teotihuacanos y mayas— han dejado claro que la guerra también fue
una actividad importante entre esas sociedades. Es especial la imagen de los
mayas, a los que se solía imaginar como un pueblo gobernado por sacerdotes
entregados a actividades intelectuales. En la actualidad, aunque se reconocen
las diferencias entre las sociedades mesoamericanas clásicas y posclásicas, la
oposición entre Estados militaristas y Estados teocráticos ha dejado de tener
validez explicativa.
El Posclásico es el contexto histórico en el que
florecieron pueblos como los mexicas y toltecas en el Centro; los mixtecos en Oaxaca; los tarascos en el Occidente; los huastecos en el norte de la llanura del Golfo de
México; los mayas en la península
de Yucatán y el altiplano occidental de Guatemala y los pipiles
en América Central.
Características generales del
Posclásico mesoamericano
Las sociedades del período Posclásico mesoamericano
siguieron desarrollándose sobre las mismas bases materiales que en tiempos anteriores.
Esto quiere decir que la base de la economía siguió siendo la agricultura, sobre todo de temporal. Algunas
regiones poseían mejores condiciones para el desarrollo de sistemas de
irrigación que produjeran mejores resultados agrícolas, por ejemplo, en las
riberas de los ríos o de los lagos. Algunas zonas con humedad baja
desarrollaron también sistemas hidráulicos, con el propósito de aprovechar
mejor los recursos hidrícos existentes. Por ejemplo, en Tetzcuco se construyeron acueductos que sirvieron
para llevar agua desde los manantiales de la Sierra Nevada
tanto a la población como a las zonas de cultivo del señorío acolhua. Obras similares se realizaron en Loma de
la Coyotera, en la región oaxaqueña. Mientras tanto, en Yucatán se
desarrolló un sistema de cisternas excavadas en la
roca madre de la superficie, llamadas chultunes, que tenían por objetivo la recolección
de agua de lluvia y su almacenamiento.
- Rojas Rabiela, Teresa (s/f): "Las obras hidráulicas mesoamericanas en la transición novohispana"; en http://eh.net/XIIICongress/cd/papers/17RojasRabiela261.pdf, consultado el 14 de diciembre de 2007.
- Zapata Peraza, Renée Loreley (1989): Los chultunes, sistema de captación y almacenamiento pluvial, INAH,
- Monografíaas, Renato Bionio (1946)
- Libro historia 3 grado, editorial Terracota 2014.



