martes, 29 de septiembre de 2015

Sesión 5 revisión de trabajos, Línea y evaluación sumativa; Nuestras Raices

La ponderacion para este primer parcial sera la siguiente:

Tareas: 10% ; Línea del Tiempo 30% ; Examen 70%



ORIGEN
1 Del Americano
1.1 Único Alex Jerlchka
1.2 Semejanzas siberianos-esquimales
1.3 Restos 40000
1.4 Múltiple Paul Rivet
1.5 Lengua y rasgos
2 ¿Cuando? Horizontes Culturales
2.1 Preclásico 1500-100 a.C.
2.2 Clásico 100-900 d.C
2.2.1 Epiclasico (Xochicalco) 700-900
2.3 Postclásico 900-1519
3 Donde
3.1 Mesoámerica
3.1.1 Paul Kirchoff
3.2 Aridoámerica
3.3 Oasisámerica
3.4  
4 Culturas Prehispánicas
4.1 Olmecas
4.1.1 Localización
4.1.2 Origen
4.1.3 Centros de desarrollo
4.1.4 Político
4.1.5 Economía
4.1.6 Org. social
4.1.7 Dioses
4.1.8 Aportaciones



https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/2/27/Tlatilco.jpg/220px-Tlatilco.jpg



PERÍODO PRECLÁSICO MESOAMERICANO
El Acróbata es una pieza arqueológica perteneciente a la cultura de Tlatilco. Este sitio es célebre por la gran cantidad de obras de alfarería encontradas en sus tumbas. En la pieza se observa una clara influencia olmeca.


Éste periodo duró desde el año 1200 a.C. hasta los años de entre 100 ó 200 d.C.
La diversidad ecológica fue un factor dominante en la especialización de las actividades económicas. Sin embargo, ningún grupo podía producir todos los insumos para su subsistencia. Por ello se formaron redes de intercambio comercial, incipientes en este periodo, y relacionadas con las preexistentes en el Cenolítico Superior, que permitieron a las sociedades involucradas en ellas disponer de recursos provenientes de regiones distantes.
El comercio tomó, desde entonces, un papel central en la conformación de la civilización mesoamericana. El intercambio comercial fue el vehículo que facilitó el intercambio cultural entre los mesoamericanos. En el Preclásico Temprano, sin embargo, prevalecen los estilos regionales (por lo menos como se observan en los restos arqueológicos correspondientes a la época), aunque es posible hablar de un proceso civilizatorio incipiente (como lo llamaba Darcy Ribeiro), que había permitido que todas las culturas del área estuvieran basadas en la agricultura del maíz, y también había sentado los cimientos del sistema de creencias mesoamericanas, expresado en el culto a los elementos.
Durante este periodo, el tipo de asentamiento humano característico debió ser la aldea. Hacia el final de este horizonte algunas de ellas crecieron en población y llegarían a ser dominantes, como El Opeño en Occidente; Tlatilco, Coapexco y Chalcatzingo en el Centro; y San José Mogote en Oaxaca.
San José Mogote, Oaxaca
Una de las primeras manifestaciones de arquitectura monumental en Mesoamérica es el centro ceremonial de San José Mogote. Se trata de una aldea ubicada en el valle de Etla, uno de los Valles Centrales de Oaxaca. La aldea de Mogote (cuyo nombre original es desconocido) fue la más importante de las que se establecieron en la región, y tuvo su mayor apogeo hacia el final del Preclásico Temprano. Su declinación está claramente asociada con la construcción de Monte Albán, la capital clásica de los zapotecos, hacia el final del Preclásico Medio. Mogote era una aldea de agricultores, que controlaba la región central de Oaxaca (ocupada desde ese tiempo por los zapotecos) y mantenía relaciones con el área olmeca.

La Mixteca
La Mixteca es una región compartida por los actuales estados de Oaxaca, Puebla y Guerrero. Se trata de una zona que presenta evidencias de una ocupación antiquísima. Durante el periodo Preclásico Temprano, el sitio principal de la región fue Yucuita (del mixteco yuku=cerro, e ita=flor, de donde su nombre significa Cerro de las flores), una aldea de unos pocos cientos de habitantes, fundada hacia el año 1400 a. C. La aldea contaba con una plataforma central de piedra, en torno a la cual fueron construidas las chozas de sus habitantes. Más tardío fue Monte Negro, contemporáneo de la Fase Monte Albán I, y una de las mayores aldeas protourbanas en la región de la Mixteca Alta.
Preclásico medio
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/f/fa/Mexico.Tab.OlmecHead.01.jpg/200px-Mexico.Tab.OlmecHead.01.jpg
Monumento 1 de La Venta. La cultura olmeca es considerada tradicionalmente como cultura madre. Sin embargo, en la actualidad los arqueólogos y antropólogos coinciden en que el proceso civilizatorio mesoamericano fue producto de un desarrollo combinado de diversas sociedades, que confluyeron en lo que se llama cultura olmeca.
La segunda parte del período que ahora nos ocupa es denominada Preclásico Medio, y comprende los siglos que van de 1200-400 a. C. Se trata de una época de intensos cambios tecnológicos, especialmente en los que respecta a la agricultura. En algunas regiones clave del territorio mesoamericano se construyen los primeros sistemas de irrigación o de control de aguas. En su libro sobre la agricultura mesoamericana, Palerm consideraba que la movilización de grandes cantidades de mano de obra para la realización de los proyectos hidráulicas es un indicio de una sociedad segmentada, con un Estado fuertemente centralizado.
Transformaciones económicas
En consonancia con Palerm, López Austin y López Luján dicen que precisamente la [[estratificaciaños más tarde, en la cuenca lacustre de México; y por el año 400 a. C., en los Valles Centrales de Oaxaca. De modo paralelo a la modernización tecnológica de la agricultura, las especies cultivables asociadas a éste período aumentaron en repertorio.
La eficiencia de la agricultura tuvo redundancia en otros campos de la tecnología y economía mesoamericanas. De esta suerte, el Preclásico Medio es un período de especialización en los procesos productivos. Este fenómeno puede observarse a nivel interno de las diferentes sociedades, sin embargo, más importante es la especialización regional. Los pueblos mesoamericanos, como desde hacía mucho tiempo, habían explotado los recursos de su nicho ecológico, y habían tendido redes incipientes de intercambio. Pero en el Preclásico Medio, los excedentes producidos por la agricultura permitieron a una parte de la población ocuparse en actividades diferentes del cultivo. De este modo, se producían excedentes tanto agrícolas como en las manufacturas o la explotación de los recursos naturales por medio de la minería, caza, pesca entre otras cosas
Transformaciones sociales
Todo lo anterior no dejó de tener ciertas repercusiones en la estructura social, es decir, en el sistema de relaciones sociales. Aparecieron nuevos grupos, como los artesanos, y los comerciantes cobraron una presencia más importante. Además, como se había señalado antes, la sociedad en su conjunto se estratificó, y la clase dirigente (compuesta por la nobleza y los sacerdotes) se definió más claramente como un grupo separado del pueblo llano. Esto es posible saberlo por los restos encontrados en los entierros, por la relativa riqueza de las ofrendas funerarias, las representaciones iconógráficas, y, sobre todo, por la aparición de artículos suntuarios de procedencia foránea.
De hecho, en esta época, es posible observar que las élites regionales mantenían relaciones entre sí. La base de ellas era el comercio, pero desde luego que éste estaba acompañado de cierta actividad militar. En el estado actual de conocimiento de las sociedades mesoamericanas, no resulta fácil dar una respuesta adecuada al papel de los militares en las sociedades del Preclásico Medio. Sin embargo, como lo indican numerosos monumentos en Monte Albán, en las Tierras Bajas mayas y el área nuclear olmeca, es seguro que por lo menos estas tres regiones testificaron el expansionismo zapoteca, maya y olmeca.
Por otro lado, el proceso de urbanización incipiente en que se vieron inmersos algunas aldeas de Mesoamérica al ocaso del Preclásico Temprano, toma en esta fase sus características más claras. Las aldeas se convierten en ciudades, que repiten claramente la segmentación de la vida social en los tipos de construcciones (los de la élite suelen ser más suntuosos y duraderos que las viviendas populares). Las ciudades mesoamericanas fueron construidas con base en un plan concienzudo, que convirtió a los centros ceremoniales de esta etapa en verdaderos observatorios astronómicos. Los ejes principales están relacionados con puntos notables de observación astronómica que permitían a los sacerdotes predecir llevar una contabilización del tiempo. Sobresalen, como modelos urbanos de la época, las ciudades de La Venta, en Tabasco, y San José Mogote en Oaxaca.
El calendario y la escritura
https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/a/a5/Monte_Alban_Rock_Relief_-_001.jpg/200px-Monte_Alban_Rock_Relief_-_001.jpg
Lápida donde se aprecia claramente un ejemplo de la escritura zapoteca, la primera que vio la luz en el área mesoamericana
Relacionados con los procesos de complejización de la vida social y la tecnología, aparecen la escritura y el calendario en Mesoamérica. La primera, desde sus inicios, transmite información política, y vinculados a ella, se encuentran registros cronológicos. Los sistemas de escritura mesoamericana más antiguos corresponden a la cultura zapoteca. Las inscripciones más antiguas proceden del Monumento 3 San José Mogote, y de las lápidas del Edificio de los Danzantes en Monte Albán, así como en las Estelas 12 y 13 del mismo sitio. Indican sucesos fechados en el año 600 a. C. Algunas de estas inscripciones están registradas sobre la base del calendario ritual de 260 días; otras contienen cargadores y signos de años, y posiblemente también ya incluyan símbolos nominativos de las veintenas en que los mesoamericanos dividían el calendario solar de 365 días.
Se solía pensar que la escritura y el calendario mesoamericanos habían sido desarrollos culturales de los antiguos mayas. sin embargo, hoy se sabe que éstos lo recibieron de los olmecas, quienes a su vez podrían haberlo tomado de los zapotecos. Incluso, la famosa Cuenta Larga del tiempo de los mayas y su numeración posicional con base veinte, apareció primero entre los olmecas de las selvas del golfo.
Los sitios del Preclásico medio
Presencia olmeca en el Golfo, Centro y Guerrero
Olmeca
Durante este periodo tiene lugar el desarrollo de la cultura olmeca, que resume todos los desarrollos culturales de los mesoamericanos de aquel tiempo. De esta cultura son los primeros indicios de escritura y del uso de calendario. Debieron tener una estructura social muy compleja que les permitió desarrollar su escultura y arquitectura monumentales. Los principales sitios de esta cultura son La Venta, Tres Zapotes y San Lorenzo, ubicados en la llanura costera del Golfo de México. Estos sitios corresponden a la llamada área nuclear olmeca.
Sin embargo, se han encontrado objetos relacionados con esta cultura en diversos sitios de Mesoamérica, sin que se hayan clarificado hasta el momento las razones de estos hallazgos en lugares tan lejanos como Tibias (Costa Rica) y Tantoc (San Luis Potosí). Los hallazgos de objetos olmecas fuera del área nuclear son particularmente numerosos en las regiones del Centro y Guerrero. En la primera, son emblemáticos sitios como Tlatilco (estado de México), Chalcatzingo (Morelos) y Las Bocas (Puebla). Éste último es conocido porque durante la década de los setenta aparecieron en el mercado de arte precolombino numerosas figurillas, que supuestamente provenían del lugar, mismas que, después se supo, realmente tenían un origen incierto. Sin embargo, excavaciones realizadas en la década de 1990 revelaron la verdadera importancia de "Las Bocas" como una de las pocas aldeas de que se conserven restos en la actualidad.
Más problemática es la relación entre los olmecas y la región de Guerrero. Aquí se han encontrado por lo menos dos asentamientos que muestran indicios de ocupación humana —como Teopantecuanitlán y Oxtotitlán—, y otros varios donde aparecen muestras de la presencia olmeca, que podrían remitir a que, sitios como las Grutas de Juxtlahuaca hayan tenido una importancia ceremonial para los portadores de la cultura olmeca. Por otra parte, se presume que las relaciones de estos grupos con las áreas oaxaqueña y Maya contribuyó con el desarrollo cultural en esas regiones de las culturas zapoteca y maya.

La gran tradición del Istmo o complejo mixe-zoque
Los hallazgos arqueológicos en la zona del istmo de Tehuantepec han permitido determinar que en aquélla región tuvo lugar un desarrollo temprano de la cerámica. La principal característica de la cerámica de esta región (datada entre el lejano 1800 y 1350 a. C.), es que a diferencia de sus contemporáneas del valle de Tehuacán y la costa de Guerrero, la cerámica de Barra, Locona y Ocós alcanza grandes alturas artísticas. Esto ha hecho suponer que los portadores del complejo mixe-zoque debieron haber mantenido contactos con los pueblos de Ecuador. La Tradición del Istmo habría penetrado desde el territorio Guatemalteco a la costa del Golfo, donde, en la confluencia de las culturas zapoteca, mixe-zoque y protomaya, habría florecido. Durante el período Preclásico Medio, la Gran Tradición del Istmo se extendió por la costa del Pacífico desde Tehuantepec hasta El Salvador. La cerámica de La Blanca en Guatemala es con mucho la más fina del Preclásico temprano y antecede por unos 600 años a la Olmeca más temprana, a la cual Michael Coe, curador emérito del Museo Peabody de Harvard, llama una versión de campo de la mucho más sofisticada Cerámica de La Blanca, por otra parte las esculturas munumentales de la Cultura Monte Alto en el Pacífico de Guatemala, también anteceden por mucho a la Olmeca.1
Capacha
Aproximadamente al inicio del Preclásico Medio, tuvo lugar en el Occidente de México la aparición de una tradición cerámica a la que Isabel Kelly dio el nombre de cultura Capacha. Se han encontrado restos de ella en Colima, Jalisco y Sinaloa. Los objetos más característicos de esta tradición son los tecomates decorados con incisión, y las vasijas con cintura, en ocasiones tan estrecha, que parecen dos vasijas, una colocada sobre la otra. Cuando la cultura Capacha tuvo su auge, el Occidente no formaba una unidad cultural bien definida, como sí ocurría con los pueblos de otras áreas, que se hallaban plenamente integrados entre sí y al sistema mesoamericano.
Preclásico tardío o protoclásico
La declinación de la cultura olmeca dio origen al periodo Preclásico Tardío (400 a. C.-150 d. C.). Se trata de una época de diversificación cultural y asimilación de los elementos olmecas en los sistemas culturales de cada pueblo. Con esa base dieron comienzo varias de las tradiciones más importantes de Mesoamérica. Sin embargo, Cuicuilco, en el sur del valle de México, y la Chupícuaro, en Michoacán, serían las más importantes. La primera llegó a convertirse en la mayor ciudad de Mesoamérica y principal centro ceremonial del Valle de México; y mantenía relaciones con Chupícuaro. La declinación de Cuicuilco es paralela a la emergencia de Teotihuacan, y se consuma con la erupción del volcán Xitle (circa 150 d. C.), que motivó la migración de sus pobladores al norte del valle de México. La cultura Chupícuaro es conocida sobre todo por su producción alfarera, cuyas huellas se han detectado por una amplia zona ubicada entre el Bajío y la cuenca lacustre.
Hacia el final del Preclásico había comenzado la planificación de las ciudades que llegarían a ser emblemáticas de Mesoamérica, como Monte Albán y Teotihuacan.


Bibliografía
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  • Ramírez, Felipe, Lorena Gámez y Fernán González (2000). La cerámica de Temamatla/IIA-UNAM/México.
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El Periodo Clásico de la civilización mesoamericana está marcado por la consolidación del proceso urbanístico que se venía gestando desde el Preclásico Tardío y luego el posclásico, lo cual ocurre hacia el siglo III a.n.e. Durante la primera parte de esta época, Mesoamérica será dominada por Teotihuacan. A partir del siglo VIII a.n.e., esta ciudad comenzará un largo proceso de decadencia que permitirá el florecimiento de las culturas maya, zapoteca y de los llamados centros regionales del Epiclásico.
Características generales
Los inicios del Período Clásico, pueden fijarse alrededor del año 200 d.C y su final hacia el 900 d.C. Sin embargo, la cronología varía en cada área cultural. Los antecedentes de este período se hallan en la última fase del Período Preclásico, a partir del año 400 d.C., cuando gracias a un incremento en la eficiencia de las técnicas agrícolas, ocurrió una transformación en las sociedades de la época (crecimiento demográfico, mayor división del trabajo y especialización, y el incremento del intercambio comercial). Los cambios tecnológicos que hicieron posible esta transformación fueron condicionados por factores específicos de cada región mesoamericana. Una actividad importante para los mayas, zapotecas y teotihuacana fue la religión.
En este período tuvo lugar también una bifurcación de tradiciones en el área mesoamericana: una encabezada por Teotihuacan, y la otra por las ciudades mayas del norte. Tal diferenciación es visible sobre todo en rasgos centrales del complejo mesoamericano, como el calendario y los sistemas de escritura. Uno y otros fueron llevadas a su máxima complejidad en el Área Maya. De acuerdo con López Luján y López Austin (2001), si Teotihuacan, la ciudad más importante de la época, no desarrolló a fondo estos elementos culturales fue por el condicionamiento relativo al socio-político que privó en el Centro de México.
Lejos de lo que se suponía en buena parte de los primeros textos sobre las culturas del clásico, hoy se sabe que tanto Teotihuacan como los estados mayas fueron pueblos guerreros, aunque nunca al grado alcanzado por las culturas del Posclásico. La guerra parece ser un asunto central en la historia del Área Maya, como lo develan las estelas de la época y las representaciones iconográficas de escenas bélicas que se han descubierto en sitios como Bonampak y Toniná. En aquella región florecieron varias ciudades-estado hostiles entre si. Por su lado, Teotihuacan no pudo haber llegado a ser el gran centro político y económico que fue sin hacer uso de la fuerza, como también lo atestigua la iconografía de la ciudad; aunque parece que las mismas dimensiones del poder teotihuacano libraron a la ciudad de hostilidades de otros Estados en competencia. Igualmente, Monte Albán se impuso en los Valles Centrales de Oaxaca por medio de acciones bélicas, según demuestran las estelas de conquista del Edificio J de esa ciudad.
El comercio jugó un papel importante como elemento de cohesión entre los mesoamericanos. Teotihuacan tuvo un papel importante como centro articulador de la mayor parte de los intercambios. Tras su colapso, la red comercial decayó también, tras lo cual surgieron centros regionales que no alcanzaron a tener la posición que había ocupado antes Teotihuacan.
Otro de los rasgos principales del clásico fue el urbanismo. Las ciudades eran cuidadosamente planificadas y trazadas. Las ciudades, además de ser centros administrativos y religiosos, fungieron como complejos productivos y nodos comerciales.
Como último dato, es necesario recalcar que en el clásico se ‘cristalizaron’ la mayor parte de las deidades del panteón mesoamericano, y que la religión ocupó un lugar importante en la estructura social como auxiliar del poder político. Presumiblemente, el clero monopolizaba el conocimiento de la astronomía, la matemática, la escritura y hasta el comercio y la política.
Existen textos mayas esculpidos y pintados, que se han identificado como cronológicos, astronómicos e históricos, aunque no son la fuente principal para el conocimiento de los mayas, pues están realizados en su compleja Escritura maya que aún está en proceso de desciframiento. El Clásico, que abarca del año 200 d. C. al 900 d. C., se caracteriza por un notable florecimiento cultural.
Centro de México: Teotihuacan
Teotihuacan fue «la ciudad mesoamericana por antonomasia». Sus orígenes se remontan al preclásico tardío o clásico. Posiblemente, tras las erupciones del Xitle y con el declive de Cuicuilco, Teotihuacan llegó a concentrar en esa época el 75% de la población de la cuenca de México. El desarrollo de Teotihuacan estuvo apoyado, entre otras cosas, en la explotación de los recursos del entorno geográfico y de su posición geográfica estratégica como encrucijada de varias rutas comerciales.
Los cambios en el modelo de asentamiento en el Centro hicieron posible el surgimiento de la dicotomía campo/ciudad. Un punto interesante derivado de esta díada es el motivo de la alta concentración poblacional y el modo en que la urbe se proveía de alimentos. Se supone que Teotihuacan debió contar con técnicas agrícolas que le permitirían satisfacer la demanda de su enorme población. Se ha propuesto que entre ellas se encontraba el cultivo en chinampas en los pantanos del San Juan (Sanders), la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte importante de los residentes de la ciudad en la agricultura. De cualquier manera, es casi seguro que dependieran ampliamente de las cosechas de temporal, y que su dieta a base de maíz, calabaza, frijol y chile era complementada con caza, recolección y pesca.
Otras importantes actividades económicas de los teotihuacanos eran la producción artesanal (objetos de alfarería y de manufacturas de obsidiana) y el comercio de larga distancia. En ambos casos, existió una importante especialización y, debido a la demanda, se hizo necesario modificar técnicas para producir masivamente (por ejemplo, a través de la utilización de moldes y modelado sin torno en el caso de la alfarería).
Dos expresiones artísticas sobresalientes en Teotihuacan fueron la escultura y la arquitectura. Ambas tenían un carácter público y monumental. La escultura era de estilo geométrico, y sus representaban generalmente animales y deidades, asociados con el agua y la fertilidad. La arquitectura también tenía sus rasgos peculiares, de los cuales, el más importante es el empleo de módulos talud-tablero, de amplia difusión en la época.
La escritura, la matemática, la astronomía y el calendario nunca fueron desarrolladas al nivel de sus contemporáneos mayas. Se supone que esto se debe a ciertas características internas del sistema político teotihuacano, esto es: que no necesitaba de una complejidad mayor en esas tecnologías y conocimientos.
Respecto a su organización social, los investigadores han propuesto que la ciudad estaba dividida en barrios por linajes o por corporaciones con ocupaciones específicas. Lo que sí es seguro es que su poderío no podía erigirse sobre la estructura del parentesco, y que se trataba de una ciudad multiétnica. Hasta el momento, no es posible establecer cuál fue el grupo mayoritario, se especula que pudieron ser pueblos de habla oto-mangueana, popoluca o nahua.
Oaxaca
Mixteca Alta (Fase Las Flores)
A diferencia de lo que ocurría en el Valle, la Mixteca no tuvo una capital hegemónica en el clásico. Sin embargo, ocurrió un aumento considerable de localidades en comparación con el preclásico. Se trataba de núcleos relativamente pequeños, de los cuales Yucuñudahui era el mayor. Yucuñudahui cuenta con una compleja planificación urbana, que sigue un patrón en L. En este asentamiento se levantaron edificios religiosos, palacios, plazas, juegos de pelota y tumbas al estilo de las zapotecas de Monte Albán.
Valles Centrales (Monte Albán)
Los más de mil sitios del Clásico que se hallan en los Valles Centrales de Oaxaca se encontraban evidentemente bajo el control de Monte Albán. La historia clásica de Monte Albán suele dividirse en dos periodos:
  • Monte Albán IIIA (250-600 d. C.): Fuertes vínculos con Teotihuacan, de naturaleza probablemente pacífica.
  • Monte Albán IIIB-IV (600-800/900): Máximo apogeo de la ciudad. Disminución de los contactos con el Centro de México. El declive de la ciudad es gradual, e inicia alrededor del año 750, por causas aún indeterminadas.
Esta ciudad se halla construida en un cerro sobre 400 m del nivel del valle. Llegó a tener en la época de su mayor apogeo una población de 15 mil-30 mil habitantes, que ocuparon más de dos mil terrazas en las laderas del cerro. La ciudad se hallaba subdividida en 15 grandes barrios, que correspondían bien a un número igual de linajes o bien, a grupos incorporados de actividades económicas.
Monte Alban contaba con una Gran Plaza, rodeada por edificios civiles y religiosos. Su característica principal sigue el modelo talud/tablero de Teotihuacan, con una peculiaridad propia de la región: el tablero de ‘doble escapulario’. En la gran plaza podían caber hasta 15 mil personas. Alberga, además, un buen número de tumbas, de las cuales las más importantes son la 103, 104 y 105. Las ofrendas encontradas estaban compuestas por ornamentos de concha, piedra verde, y sobre todo, por las célebres urnas de cerámica grisácea (obras maestras del arte clásico zapoteca), que por lo general no contenían nada más que algunas cuentas, objetos de concha o se hallaron vacías.
El número de monumentos con inscripciones que han sido encontrados en el valle de Oaxaca es sólo superado por el área Maya. Estos monumentos nos revelan una escritura mixta, similar a la maya y a la olmeca, con un ordenamiento sintáctico. Las inscripciones tratan sobre temas históricos, (nacimientos, conquistas, etc.)
Bibliografía
  • Fernández, Tomás; Jorge Belarmino (2003). La escultura prehispánica de mesoamérica. Barcelona: Lunwerg Editores. ISBN 84-9785-012-2.
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  • Gamio, Manuel (1922). La Población del Valle de Teotihuacán: Representativa de las que Habitan las Regiones Rurales del Distrito Federal y de los Estados de Hidalgo, Puebla, México y Tlaxcala (2 vols. in 3 edición). Mexico City: Talleres Gráficos de la Secretaría de Educación Pública.
  • Kirchhoff, Paul (1943). «Mesoamérica. Sus Límites Geográficos, Composición Étnica y Caracteres Culturales». Acta Americana 1 (1): 92–107.
  • Kuehne Heyder, Nicola; Joaquín Muñoz Mendoza (2001). Mesoamérica: acercamiento a una historia. Granda, Spain: Diputación Provincial de Granada. ISBN 84-7807-008-7.
  • López Austin, Alfredo; Leonardo López Luján (1996). El pasado indígena. Mexico: El Colegio de México. ISBN 968-16-4890-0.
  • López Austin, Alfredo; Leonardo López Luján (1999). Mito y realidad de Zuyuá: Serpiente emplumada y las transformaciones mesoamericanas del clásico al posclásico. Mexico: COLMEX & FCE. ISBN 968-16-5889-2.
  • Palerm, Ángel (1972). Agricultura y civilización en Mesoamérica. Mexico: Secretaría de Educación Pública. ISBN 968-13-0994-4.
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  • West, Robert C.; John P. Augelli (1989). Middle America: Its Lands and Peoples (3rd edición). Englewood Cliffs, N.J.: Prentice Hall. ISBN 0-13-582271-8.
  • Wolf, Eric Robert (1967). Pueblos y culturas de Mesoamérica. Bilioteca Era.
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  • Luján Muñoz, Jorge; Chinchilla Aguilar, Ernesto; Zilbermann de Luján, Maria Cristina; Herrarte, Alberto; Contreras, J. Daniel. (1996) Historia General de Guatemala. ISBN 84-88622-07-4.


El Periodo Clásico de la civilización mesoamericana está marcado por la consolidación del proceso urbanístico que se venía gestando desde el Preclásico Tardío y luego el posclásico, lo cual ocurre hacia el siglo III a.n.e. Durante la primera parte de esta época, Mesoamérica será dominada por Teotihuacan. A partir del siglo VIII a.n.e., esta ciudad comenzará un largo proceso de decadencia que permitirá el florecimiento de las culturas maya, zapoteca y de los llamados centros regionales del Epiclásico.
Características generales
Los inicios del Período Clásico, pueden fijarse alrededor del año 200 d.C y su final hacia el 900 d.C. Sin embargo, la cronología varía en cada área cultural. Los antecedentes de este período se hallan en la última fase del Período Preclásico, a partir del año 400 d.C., cuando gracias a un incremento en la eficiencia de las técnicas agrícolas, ocurrió una transformación en las sociedades de la época (crecimiento demográfico, mayor división del trabajo y especialización, y el incremento del intercambio comercial). Los cambios tecnológicos que hicieron posible esta transformación fueron condicionados por factores específicos de cada región mesoamericana. Una actividad importante para los mayas, zapotecas y teotihuacana fue la religión.
En este período tuvo lugar también una bifurcación de tradiciones en el área mesoamericana: una encabezada por Teotihuacan, y la otra por las ciudades mayas del norte. Tal diferenciación es visible sobre todo en rasgos centrales del complejo mesoamericano, como el calendario y los sistemas de escritura. Uno y otros fueron llevadas a su máxima complejidad en el Área Maya. De acuerdo con López Luján y López Austin (2001), si Teotihuacan, la ciudad más importante de la época, no desarrolló a fondo estos elementos culturales fue por el condicionamiento relativo al socio-político que privó en el Centro de México.
Lejos de lo que se suponía en buena parte de los primeros textos sobre las culturas del clásico, hoy se sabe que tanto Teotihuacan como los estados mayas fueron pueblos guerreros, aunque nunca al grado alcanzado por las culturas del Posclásico. La guerra parece ser un asunto central en la historia del Área Maya, como lo develan las estelas de la época y las representaciones iconográficas de escenas bélicas que se han descubierto en sitios como Bonampak y Toniná. En aquella región florecieron varias ciudades-estado hostiles entre si. Por su lado, Teotihuacan no pudo haber llegado a ser el gran centro político y económico que fue sin hacer uso de la fuerza, como también lo atestigua la iconografía de la ciudad; aunque parece que las mismas dimensiones del poder teotihuacano libraron a la ciudad de hostilidades de otros Estados en competencia. Igualmente, Monte Albán se impuso en los Valles Centrales de Oaxaca por medio de acciones bélicas, según demuestran las estelas de conquista del Edificio J de esa ciudad.
El comercio jugó un papel importante como elemento de cohesión entre los mesoamericanos. Teotihuacan tuvo un papel importante como centro articulador de la mayor parte de los intercambios. Tras su colapso, la red comercial decayó también, tras lo cual surgieron centros regionales que no alcanzaron a tener la posición que había ocupado antes Teotihuacan.
Otro de los rasgos principales del clásico fue el urbanismo. Las ciudades eran cuidadosamente planificadas y trazadas. Las ciudades, además de ser centros administrativos y religiosos, fungieron como complejos productivos y nodos comerciales.
Como último dato, es necesario recalcar que en el clásico se ‘cristalizaron’ la mayor parte de las deidades del panteón mesoamericano, y que la religión ocupó un lugar importante en la estructura social como auxiliar del poder político. Presumiblemente, el clero monopolizaba el conocimiento de la astronomía, la matemática, la escritura y hasta el comercio y la política.
Existen textos mayas esculpidos y pintados, que se han identificado como cronológicos, astronómicos e históricos, aunque no son la fuente principal para el conocimiento de los mayas, pues están realizados en su compleja Escritura maya que aún está en proceso de desciframiento. El Clásico, que abarca del año 200 d. C. al 900 d. C., se caracteriza por un notable florecimiento cultural.
Centro de México: Teotihuacan
Teotihuacan fue «la ciudad mesoamericana por antonomasia». Sus orígenes se remontan al preclásico tardío o clásico. Posiblemente, tras las erupciones del Xitle y con el declive de Cuicuilco, Teotihuacan llegó a concentrar en esa época el 75% de la población de la cuenca de México. El desarrollo de Teotihuacan estuvo apoyado, entre otras cosas, en la explotación de los recursos del entorno geográfico y de su posición geográfica estratégica como encrucijada de varias rutas comerciales.
Los cambios en el modelo de asentamiento en el Centro hicieron posible el surgimiento de la dicotomía campo/ciudad. Un punto interesante derivado de esta díada es el motivo de la alta concentración poblacional y el modo en que la urbe se proveía de alimentos. Se supone que Teotihuacan debió contar con técnicas agrícolas que le permitirían satisfacer la demanda de su enorme población. Se ha propuesto que entre ellas se encontraba el cultivo en chinampas en los pantanos del San Juan (Sanders), la construcción de terrazas, el barbecho, y la ocupación de una parte importante de los residentes de la ciudad en la agricultura. De cualquier manera, es casi seguro que dependieran ampliamente de las cosechas de temporal, y que su dieta a base de maíz, calabaza, frijol y chile era complementada con caza, recolección y pesca.
Otras importantes actividades económicas de los teotihuacanos eran la producción artesanal (objetos de alfarería y de manufacturas de obsidiana) y el comercio de larga distancia. En ambos casos, existió una importante especialización y, debido a la demanda, se hizo necesario modificar técnicas para producir masivamente (por ejemplo, a través de la utilización de moldes y modelado sin torno en el caso de la alfarería).
Dos expresiones artísticas sobresalientes en Teotihuacan fueron la escultura y la arquitectura. Ambas tenían un carácter público y monumental. La escultura era de estilo geométrico, y sus representaban generalmente animales y deidades, asociados con el agua y la fertilidad. La arquitectura también tenía sus rasgos peculiares, de los cuales, el más importante es el empleo de módulos talud-tablero, de amplia difusión en la época.
La escritura, la matemática, la astronomía y el calendario nunca fueron desarrolladas al nivel de sus contemporáneos mayas. Se supone que esto se debe a ciertas características internas del sistema político teotihuacano, esto es: que no necesitaba de una complejidad mayor en esas tecnologías y conocimientos.
Respecto a su organización social, los investigadores han propuesto que la ciudad estaba dividida en barrios por linajes o por corporaciones con ocupaciones específicas. Lo que sí es seguro es que su poderío no podía erigirse sobre la estructura del parentesco, y que se trataba de una ciudad multiétnica. Hasta el momento, no es posible establecer cuál fue el grupo mayoritario, se especula que pudieron ser pueblos de habla oto-mangueana, popoluca o nahua.
Oaxaca
Mixteca Alta (Fase Las Flores)
A diferencia de lo que ocurría en el Valle, la Mixteca no tuvo una capital hegemónica en el clásico. Sin embargo, ocurrió un aumento considerable de localidades en comparación con el preclásico. Se trataba de núcleos relativamente pequeños, de los cuales Yucuñudahui era el mayor. Yucuñudahui cuenta con una compleja planificación urbana, que sigue un patrón en L. En este asentamiento se levantaron edificios religiosos, palacios, plazas, juegos de pelota y tumbas al estilo de las zapotecas de Monte Albán.
Valles Centrales (Monte Albán)
Los más de mil sitios del Clásico que se hallan en los Valles Centrales de Oaxaca se encontraban evidentemente bajo el control de Monte Albán. La historia clásica de Monte Albán suele dividirse en dos periodos:
  • Monte Albán IIIA (250-600 d. C.): Fuertes vínculos con Teotihuacan, de naturaleza probablemente pacífica.
  • Monte Albán IIIB-IV (600-800/900): Máximo apogeo de la ciudad. Disminución de los contactos con el Centro de México. El declive de la ciudad es gradual, e inicia alrededor del año 750, por causas aún indeterminadas.
Esta ciudad se halla construida en un cerro sobre 400 m del nivel del valle. Llegó a tener en la época de su mayor apogeo una población de 15 mil-30 mil habitantes, que ocuparon más de dos mil terrazas en las laderas del cerro. La ciudad se hallaba subdividida en 15 grandes barrios, que correspondían bien a un número igual de linajes o bien, a grupos incorporados de actividades económicas.
Monte Alban contaba con una Gran Plaza, rodeada por edificios civiles y religiosos. Su característica principal sigue el modelo talud/tablero de Teotihuacan, con una peculiaridad propia de la región: el tablero de ‘doble escapulario’. En la gran plaza podían caber hasta 15 mil personas. Alberga, además, un buen número de tumbas, de las cuales las más importantes son la 103, 104 y 105. Las ofrendas encontradas estaban compuestas por ornamentos de concha, piedra verde, y sobre todo, por las célebres urnas de cerámica grisácea (obras maestras del arte clásico zapoteca), que por lo general no contenían nada más que algunas cuentas, objetos de concha o se hallaron vacías.
El número de monumentos con inscripciones que han sido encontrados en el valle de Oaxaca es sólo superado por el área Maya. Estos monumentos nos revelan una escritura mixta, similar a la maya y a la olmeca, con un ordenamiento sintáctico. Las inscripciones tratan sobre temas históricos, (nacimientos, conquistas, etc.)
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El Periodo Posclásico es la última etapa del desarrollo independiente de la civilización mesoamericana. Como los otros períodos de la cronología mesoamericana, el inicio de este periodo varía en el tiempo, aunque se suele señalar la caída de las ciudades-Estado del Epiclásico del centro de Mesoamérica como el principio del Posclásico. Sin embargo, en todas las áreas de Mesoamérica ocurrió un proceso de deterioro de las hegemonías regionales del Clásico que concluyó con el abandono de las grandes metrópolis, como Monte Albán en Oaxaca o las ciudades mayas de las Tierras Altas. Por otra parte, el Norte de Mesoamérica fue escenario de un desastre ecológico que implicó el abandono completo de esa región. Ante estos hechos, las migraciones fueron un fenómeno que marcó el inicio del Posclásico. Estos cambios sociales que marcaron a las sociedades mesoamericanas ocurrieron entre los siglos VIII y X. El final del Posclásico ocurrió con la llegada de los españoles hacia la segunda década del siglo XVI. A partir de entonces ocurrió un proceso de transculturación que remodeló las culturas indígenas y sentó las bases de las culturas mestizas de México y Centroamérica.
Antiguamente, se solía presentar al Posclásico como una época dominada por Estados bélicos; en oposición con los pacíficos Estados del Clásico. Las nuevas interpretaciones de las evidencias arqueológicas sobre varios pueblos del Clásico —es el caso de los teotihuacanos y mayas— han dejado claro que la guerra también fue una actividad importante entre esas sociedades. Es especial la imagen de los mayas, a los que se solía imaginar como un pueblo gobernado por sacerdotes entregados a actividades intelectuales. En la actualidad, aunque se reconocen las diferencias entre las sociedades mesoamericanas clásicas y posclásicas, la oposición entre Estados militaristas y Estados teocráticos ha dejado de tener validez explicativa.
El Posclásico es el contexto histórico en el que florecieron pueblos como los mexicas y toltecas en el Centro; los mixtecos en Oaxaca; los tarascos en el Occidente; los huastecos en el norte de la llanura del Golfo de México; los mayas en la península de Yucatán y el altiplano occidental de Guatemala y los pipiles en América Central.
Características generales del Posclásico mesoamericano
Las sociedades del período Posclásico mesoamericano siguieron desarrollándose sobre las mismas bases materiales que en tiempos anteriores. Esto quiere decir que la base de la economía siguió siendo la agricultura, sobre todo de temporal. Algunas regiones poseían mejores condiciones para el desarrollo de sistemas de irrigación que produjeran mejores resultados agrícolas, por ejemplo, en las riberas de los ríos o de los lagos. Algunas zonas con humedad baja desarrollaron también sistemas hidráulicos, con el propósito de aprovechar mejor los recursos hidrícos existentes. Por ejemplo, en Tetzcuco se construyeron acueductos que sirvieron para llevar agua desde los manantiales de la Sierra Nevada tanto a la población como a las zonas de cultivo del señorío acolhua. Obras similares se realizaron en Loma de la Coyotera, en la región oaxaqueña. Mientras tanto, en Yucatán se desarrolló un sistema de cisternas excavadas en la roca madre de la superficie, llamadas chultunes, que tenían por objetivo la recolección de agua de lluvia y su almacenamiento.
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  • Libro historia 3 grado, editorial Terracota 2014.