Republica federal
1 Antecedentes
1.1 Problemas
1.1.1 Territorio
+ 4 mil km2
1.1.2 Poblacion
6,122,354 habitantes
1.1.3 Mosaico cultural
diferencias culturales
1.2 Plan de Casamata vs Agustin
de iturbide
2 1823 Triubirato
2.1 Guadalupe Victoria
Celestino Negrete Nicolas Bravo
3 Constitución de1824
3.1 Guadalupe Victoria Nicolas
Bravo
3.1.1 Esclavitud
4 Expansionismo EU.
4.1 Religion
4.1.1 Protentestantismo
Martin Lutero, Juan Calvino,Enrique Octavo
Trabajo =
Culto a dios
Destino manifiesto
Crecer,poblar y reproducir
4.1.2 Catolicismo
trabajo =
castigo
mandato
Dios castigador
4.2 Compra
4.2.1 Lousiana a Francia
4.2.2 Florida a España
4.2.3 Alaska a Rusia
4.2.4 Intento comprar Texas a
Mexico
4.3 Lema
4.3.1 "America para los
americanos"
5 Intervenciones extranjeras
5.1 causas
5.1.1 Extension territorial
5.1.2 Desproporcion
mexicanos/extranjeros
5.2 Eecto
5.2.1 perdida + del a mitad del territorio
5.3 guerras
5.3.1 Texas
Rep. Fredonía
Anexión EU
5.3.2 de los pasteles Francia
Indemnización
5.3.3 Estados Unidos
Tratado Guadalupe-
Hidalgo
5.3.4 Francia
2 imperio
1 Contexto
1.1 Interno
1.1.1 Pais fracturado,
frustrado
1.1.2 Vacio de Poder, Mariano
Arista renuncia
1.1.3 En 1853, Lucas Alaman
llama a Santanna (exiliado). Acta de Guadalajara poderes absolutos, no al
sma.federal.
1.1.4 Liberales v/s
Conservadores
1.2 Externo
1.2.1 Conspirsacion en Nuevo
Orleans
1.2.2 Los liberales (modelo EU)
Juarez, Melchor Ocampo, Lerdo de Tejada, Ponciano Arriaga, Comonfort
1.2.3 Programa del PLM
Division religion/civil
Supresion de fueros
Militares
Religiosos
Nacionalizacion
Aduanas
Garantias individuales
2 Plan de Ayutla 1854
2.1 Renuncia de Santa Anna
2.2 Presidente interino Juan
Alvarez
2.3 Convoca a un rep. de c/u de
los edos.
2.4 Congreso Constituyente en
Cuernavaca 4/10/55 Capital
3 De Reforma
3.1 ¿En Tetecala?
3.2 Ley Juarez
3.2.1 No fueros militares,
eclesiasticos
3.3 Lerdo
3.3.1 Desamortizacion de fincas
urbanas y rusticas
Despojo de tierras -- problema agrario
3.4 Iglesias
3.4.1 No a los diezmos
3.5 Libertades civiles
3.5.1 Credo
3.5.2 Prensa
3.5.3 Transito
3.5.4 Pensamiento
3.5.5 Asosiacion
4 Constitución de 1857
4.1 5 febrero
4.1.1 Presidente Ignacio
Comonfort
4.1.2 Juarez Mntro. de justicia
Presidente susutituto
Gto. SLP; Chihuahua (carruaje)
4.2 Plan de Tacubaya diciembre
4.2.1 Felix Zuloaga
Miguel Miramon
Ver. mar y tiera
EU interviene por los liberales
4.3 Guerra 58-61
4.3.1 1°
conservadores/liberales
4.3.2 2°
conservadores/liberales
4.3.3 3° conservadores/liberales
Juarez presidente 61-64
Moratoria a la deuda externa
4.4 Edos. Liberales Col.
Gro.Gto.Jal. Mich. Oax.Qro. Ver. Zac.
4.5
Falta de recursos - Apoyos extranjeros
4.5.1 Tratados
EU McLane-Ocampo
Transito Itsmo Tehuantepec
Presencia militar
2 millones prestamo
Rechazo senado EU/ G. Sesesion
España Mont-J.N.Almonte
Indemnización
Tutela de España
Prestamo Jcéker
“NOTICIAS DEL IMPERIO” Fernando del Paso
Flor de todas lasa flores era ella, señor juez, flor de todas las
mímeles, miel de tronadora sus palabras. De jarabe de rosa oscura su boca. Yo,
señor, soy humilde. Vengo de lejos, de una montaña muy empinada donde si usted
mira para arriba, verá a los tucanes que beben agua en los cálices de las
orquídeas retrepadas en las copas de los árboles más altos. Yo, antes que nada,
quiero que conste de hoy en adelante lo mucho que quería yo a Concepción, y lo
mucho, también, que puedo quererla todavía.
Sus pies eran pequeños. Su cabello, negro,
brilloso. Y entre su pelo y sus pies, y aparte de sus ojos y boca, Concepción
tenía otras cosas, que ni yo estoy para contarlas ni usted, con todas mis
consideraciones, señor juez está para escucharlas. Yo, señor, no soy muy
instruido. Yo no solo no sé de muchas cosas que hay en el mundo, sino que
además no sé nada de muchísimas cosas más que ni siquiera sé que hay. Pero lo
que se dice un ignorante, tampoco lo he sido. Pregúnteme usted de flores.
Pregúnteme usted cuáles son las flores que le dan su sombra al cacao, y le diré
que son las del cacahuananche, que son chiquitas y rosadas, y que figuran
maripositas. Y si a usted de interesa averiguar con que se quitan las manchas de
la cara, yo le diría que para eso no hay nada mejor que una pomada que se hace
amasando los bulbos de la flor que se llama lirio céfiro.
Empecé a trabajar de ayudante de jardinero
en una casa grande, y luego en otra más grande, y luego sin darme cuenta fui ya
jefe de jardineros de una casa más grande todavía que llaman la Quinta Borda y a donde llegaba
a vivir muchas veces al año el Señor que
llaman Don Maximiliano y que dicen, o eso me dijeron a mí, que es el Rey de
México.
Yo, que no tengo alas, señor juez, me quedé
prendido para siempre a Concepción, con una espina clavada en el pecho. Y ahora dígame usted que
se puede hacer si se tiene trabajo y religión y la comida no falta, ni una
hamaca para las tardes del domingo, qué
se puede hacer sino ser feliz casi a la fuerza. Y si lo fuimos, si fuimos
felices algún día, comenzamos a dejar de serlo, primero muy poco a poco cuando
el Señor Don Maximiliano llegó a la Residencia
Borda, y después muy repentinamente, el día en que yo me di
cuenta que Don Maximiliano miraba a Concepción, y Concepción miraba a Don
Maximiliano con una clase de mirada que yo nunca había visto, con una clase de
mirada que parecían haber inventado entre los dos.
Yo se de cosas para matar gusanos y malas yerbas, y de abonos y estiércoles
para darle mas responsabilidad a la tierra. Pero de otras cosas no sé, y nunca
supe, nunca entendí por que Concepción se volvió de pronto como esas gatas que
se largan desde que Dios anochece y que no regresan hasta la madrugada,
ensalivadas y temblorosas, para acertar solo a derramar en el suelo el plato de
leche que las estaba esperando. Lo que si, es que me acuerdo cuando mas o menos
comenzó todo, y fue una tarde en la que estaba yo en el jardín grande con
Concepción, plantando unos bulbos que ella tenia en el regazo de su enagua, que
la alzaba un poco con las manos para que no se rodaran los bulbos, y paso por
allí el señor Don Maximiliano acompañado por un señor que también era foráneo,
y que andaba siempre con un paraguas amarillo cortando plantas sin pedirle
permiso a nadie, y agarrando escarabajos
y lagartijas por la cola para meterlos en unos frascos que le colgaban, con
hilos, del cuello y los hombros.
Y el señor ése le iba diciendo a Don Maximiliano los nombres de las
flores.
Pero no le decía esta se llama jaral amarillo y aquella clavel jaspeado,
menos sabia español, menos sabia masticar el indio. No, le iba dando a Don
Maximiliano los nombres de las flores en científico, en latín, señor juez, como
los cantados de la iglesia. Luego llegaron ante una flor que el señor no se
acordó como se llamaba, y Don Maximiliano me preguntó a mí Yo, que ya me había
quitado el sombrero, le dije estas son las copas de oro, Señor, y el agua de
sus cálices que hay que secar antes de se habrán las flores se usa en gotas
para los ojos hinchados, y también por la forma de capuchón que tienen las
llaman gorros de Napoleón, Señor, y por la otra forma que también tienen se
llaman tetonas.
Y Don Maximiliano que se hacia como que no había visto a Concepción me
siguió preguntando los nombres de muchas flores, que yo le fui dando hasta que
de repente se volteo a verla, y concepción que hasta entonces había tenido los
ojos bajos, también como si no hubiera visto a Don Maximiliano, los alzo para
verlo. Don Maximiliano le pregunto entonces; y tú, como te llamas, y antes de
que ella contestara, yo me puse de pie y le dije: Concepción. Concepción
Sedano, Señor es mi mujer, y hasta estuve tentado de ponerme el sombrero como
para decirle que de esa flor que era Concepción, flor de todas las flores, yo
era el señor. Le hice una seña a ella para que se levantara y Concepción, por
no derramar en la tierra los bulbos, se puso de pie con la falda alzada, medio
enseñando las piernas un poco mas arriba de las rodillas y sin dejar de ver a Don
Maximiliano y yo me dije, aunque la verdad me lo dije muchos días después,
cundo caí en la cuenta, que no importaba
que nunca antes se hubieran conocido, pro que desde ese momento fue como si se
hubieran conocido, desde siempre.
Yo, lo que se llama verlos, nunca los vi. Nunca le seguí los pasos a
Concepción cuando se levantaba en las noches y salía del cuarto sin hacer
ruido. Bueno, eso es lo que ella creía, señor, porque yo tengo un oído muy
hecho a los silencios. Yo, de ver a Concepción y Don Maximiliano, que dios me
perdone, nunca los vi, como le dije. Es decir, nunca con los ojos abiertos,
señor juez, por que los veía con los ojos cerrados y todavía ahora, si usted me
permite cerrarlos un momentito, los puedo ver. Don Maximiliano tenía su cuarto una
cama grande, de esas con mosquiteros de tules y barrotes dorados. Don
Maximiliano tenía también, en el corredor, bajo un macetón con helechos que
colgaba del techo y cerca de una jaula de pájaros, una hamaca muy ancha, de
seda blanca. Yo los vi allí muchas veces, nomás cerrando los ojos nomás
tratando de imaginar lo que todo el mundo decía, pero que todo el mundo
callaba. Hay una tapia en la quinta Borda, señor, cerca de las habitaciones de
don Maximiliano, que tiene una puerta disimulada por una enredadera de campanillas.
Y si yo nunca vi como mis propios ojos que Concepción entrara o saliera por esa
puerta, lo que sí puedo decirle es que Concepción, cuando regresaba en las
madrugadas, tenia hojitas lilas y blancas todavía enredadas en el pelo. Yo
conozco también el estanque que yo llamaba de las buganbilias, por que a veces
amanecía casi cubierto con sus hojas. Yo, aunque también alguna vez le quité a
Concepción algunas hojas mojadas de buganbilia que se le habían pegado en la
espalda, nunca vi a los dos meterse al estanque desnudos, dios me libre, y
desnudos allí abrazarse entre las hojas y los lirios y los pescaditos rojos y
dorados. Y cuando digo los dos, no quiero decir Concepción y Don Maximiliano,
señor juez, sino Concepción y el otro, el hombre, señor juez, quien haya sido,
el Don que usted quiera. Pero por si acaso, nada más que por si acaso haya sido
Don Maximiliano, le aseguro que yo no diré como el santo Job: Dios me la dio, Dios
me la quito, bendito sea el nombre del señor. Por que la verdad es que, si dios
me dio a la Concepción,
fue un hombre, y no Dios, el que me la quitó. Y pienso yo: Si un rey tiene un
jardín y una casa tan grande como esos, y además otros palacios y castillos y
jardines más grandes todavía, por qué no le deja a uno, que no tiene nada, lo
único que tiene. Por que si he hablado de mi casa, señor juez, de nuestra casa
mía y de Concepción, eso solo era un
decir, como cuando hablo de mi jardín, que era el que rodeaba a nuestra casa,
porque las dos cosas eran prestadas, nada más mientras trabajara yo en la
quinta Borda, como se ha comprobado ahora que no tengo nada. Aunque eso sí le diré,
si me permite usted la discreción, me gustaba pensar, aunque no eran míos, que
si la casa de don Maximiliano era muy chica para un jardín tan grande, mi casa,
en cambio, era muy grande para un jardín tan chico. Al día siguiente, señor a
la otra mañana de imaginármelos en el estanque de las buganbilias, me llevé un
montón de florecitas de hierba anís que también llaman flores de tierra dentro,
que se usan para perfumar el baño de los niños, y las derrame en agua. Esa
madrugada, cuando regresó Concepción, un gran olor de anís señor juez, el más
grande olor de anís que yo haya conocido me sofocó el alma. Yo, con toda la
rabia y el dolor que tenía, nunca le hice nada a Concepción, nunca la toque
como no fuera como el barón toca a la mujer. Yo nomás llore un poquito, me
levante, me fui al estanque y les eche unos polvos de semillas de patol a los
pescados, pero sin intención de que se murieran sino nada más que para
atontarlos un poco, para que se durmieran un rato, a ver si se olvidaban de lo
que habían visto. Yo, su señoría le prometo regresar a mi tierra y no volver
nunca a aparecerme en el Valle de Cuernavaca. Yo le prometo llevarme conmigo a
Concepción y si ella quiere estoy dispuesto a cargar con su hijo. Yo no le
prometo ni a usted ni a nadie que lo voy a ver como mi hijo propio, pero sí que
lo voy a cuidar, a enseñarle las cosas que yo sé, y que nunca le faltara el
pan. Aunque con el tiempo uno que sabe: tampoco Concepción era de mi propia
sangre y pesar de eso, ya ve usted como la llegué a querer. Pero para eso, para
hacer todo eso y prometérselo y lo que es más importante, señor juez, para
cumplírselo, necesito que me devuelvan a mi Concepción. Y si me la devuelven,
ay señor juez, si la convencen a que vuelva conmigo de una vez por todas, yo le
prometo por lo más sagrado, le prometo por ella que me voy a olvidar de todo y
a volver a ser feliz como en aquellos tiempos, en que era ella mi Concepción
inmaculada de día y de noche: girasol por las mañanas, alta y espigada y con la
cara al cielo; flamboyán por las tardes cuando el sol poniente le pintaba la piel
de anaranjado; huele de noche en la noches sembradas de estrellas y de luna en
flor. Cuando yo le decía: ay Concepción, Concepción, con las flores de mayo más
altas tejeré dos guirnaldas: una para la Virgen y otra para tu cama. Ay Concepción,
Concepción, cuando comience a caer de las jacarandas su lluvia morada, te
invito, desnuda, a recordar que me amas, y te prometo un vestido de petalitos
mojados en tu sudor y el mío.
SE SUSPENDE LA ACTIVIDAD EN EL JARDIN BORDA (REMODELACIÓN) SOLO DESARROLLAR EL ENSAYO

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